Querido (ex-)amante mío,


¿Por qué siempre me pides perdón? No me has hecho nada por el cual pedirme perdón. No te disculpes ya, por favor. Prefiero que todo esté bien claro, y por eso te escribo ahora. Deja, por favor, tus prejuicios y lee lo que escribo con una mente clara y abierta, sin juzgarme por ser sincero.

Recuerda que al principio sabíamos que la nuestra iba a ser una historia de tristeza y decepción. Los dos sabíamos que tendríamos que sufrir al final--pero a pesar de eso nos pusimos de acuerdo, ¿recuerdas? Queríamos pasar el último mes juntos, gozando de la vida juntos, compartiendo las dificultades de la vida juntos, y sintiéndonos satisfechos juntos. Queríamos perdernos en una relación efímera, abrumados por la emoción del vivir. Y eso, ¿no es eso lo que hemos hecho? He aprendido mucho de ti, y he crecido mucho. Te agradezco por haberme sido tan comprensivo.

Recuerda aquella noche, al principio, en la cual me dijiste que te gustaba. --Eso nunca me pasa--dijiste. --No soy yo el que se enamora primero--susurraste, con una cara torpemente sonriente. Hablamos aquella noche de expectativas, ¿no? Nos pusimos de acuerdo que no íbamos a tenerlas, ya que la vida tiene su forma de desarreglárselas. Te dije que no tenías porqué preocuparte, que sólo quería poder disfrutar del tiempo que nos restaba, y hasta ahora he disfrutado de todo lo que hemos hecho, incluso los momentos que compartimos en silencio.

Pero, y seguramente recordarás lo que te voy a decir, ya no irás al Humo a estudiar y este plan fue lo que nos desbarató. Y recordarás también que la Capital no está tan lejos, ¿no? Por eso te hice la pregunta--¡inesperadamente, seguro!--a la cual respondiste, disculpándote. Pero hablamos de las expectativas, y yo no las tengo. No estoy más triste que habría sido si hubieras decidido irte al Humo. Entiéndeme, por favor.

Si quieres que sea sincero contigo, sí, estoy algo decepcionado. Pero no eres tú, soy yo. Sabes que soy débil y que hacer frente con un cambio así de grande no es fácil para mí. Además (y lo puedo reconocer y admitir) soy algo pegajoso y también soy idealista. Es que, como sabes, leía demasiado de niño y que la literatura corrompió mi cosmovisión. Así que no me pidas perdón ya, porque tú no me debes nada--no tuve y no tengo expectativas.

Pero si me presionaras, tal vez admitiría que sí las tengo. Acaso te diría que quisiera que nuestra relación duraría sólo una semana más, o que no terminaría a causa de la mudanza. Quizás, pero sólo quizás, te concedería que de verdad estoy triste que pronto vaya a terminar. Si me acosaras, es posible que te admitiría que siento afecto por ti. Si fueras persistente, no podría quedarme parado detrás de la pared mental que construí para evitar las heridas sentimentales.

Recuerda, sin embargo, que te respeto y que, también, respeto la decisión a la cual llegamos juntos aquella noche al principio. Soy débil y dejé que la emoción y el sentimiento me abrumaran. Por eso me veo triste. Al verte y saber que nos quedan dos semanas cortas, me pongo inquieto. Pero recuerda, por favor, que ante todo éramos amigos y que después de todo, espero que sigamos siendo amigos.

Sí, al partir lloraré. Trataré de controlarme ante ti, pero cuando esté a solas, perdido en los rincones más oscuros de mi mente, lloraré. Tengo este derecho, ¿no? Es que vivimos una historia trágica del amor, tú y yo. Pudiera haber sido mucho más, si tan solo te habría hablado o si tan solo me habrías saludado. Mas al fin y al cabo, aprovechamos de lo que teníamos. No me arrepiento de haberte aceptado como amante. Sí, cuando te vayas lloraré, pero deberías estar feliz al verme así--porque habrás, dentro de un tiempo muy corto y estresante, logrado convertirte en alguien que siempre me será especial.

Cuando veas mis lágrimas, y mi cara torpemente sonriente, no te disculpes. Sonríeme, abrázame, y bésame con una pasión insuperablemente inmensa; y cuando te vayas, no te arrepientas de haberme decepcionado--después de todo, no eres tú, soy yo.


Con un abrazo y un sollozo ahogado,

Tu querido (ex-)amante.