Amar a alguien es como mirar el mar. Se contemplan las mismas aguas y sin embargo estas cambian constantemente. Aunque uno este enamorado de una misma persona, el amor que uno siente cambia constantemente también. Hay días de tormenta y otros tranquilos, momentos de estabilidad de semblante certera o notablemente precaria y otros de duda inefable.

A pesar de amar a una persona cuya identidad no varia con respecto al tiempo, su personalidad y lo demás lindando lo que llamamos su “por dentro” permutan esporádicamente, en otros casos incesantemente. Que sea el mar o un iceberg, lo que se ve a la superficie podrá diferir de un día o de un momento al otro pero hay pocas posibilidades de que un cambio súbito y que parezca completo y perenne vaya a ocurrir; sin embargo por dentro los cambios ocurren, en un vaivén incesante de mensajes neuronales intermitentes, de latidos del corazón y golpes atentados a este,.. por lo cual es que tal vez nunca se pueda conocer de verdad a otra persona; o quizá lo más cercano que uno pueda estar a lograr esto es pasando el tiempo suficiente con la persona en cuestión para acostumbrarse a esta y recíprocamente que así tanto los cambios más sutiles como los más notables sean más fáciles de discernir, de aceptar o hasta de dar por sentado. Cabe destacar aquí una cualidad del amor que es la de hacer que dos personas puedan sentir amor la una por la otra a pesar de la profusión de los distintos cambios posibles e improbables que ambas gozan o padecen crónica o ocasionalmente.

La eternidad, la cual es en mi opinión algo dudosa en cuanto a las maneras de alcanzarla, se asemeja en ese criterio a la permanencia en el sentido que ambas nociones son anhelos (o obsesiones dependiendo del caso) del ser humano que exceden a este y su grandilocuencia. El amor y la vida son más fácil de aprehender cuando se acepta que al ser quienes somos no podremos hacer más que vislumbrarlos. Aceptar los cambios, tanto las mejoras como los deterioros, es suponer que aceptamos el paso del tiempo y lo que este conlleva.

Artículo Original: El Amor y la Mar