Buenos días, mis amados lectores

El día está precioso y el café que me estoy saboreando está exquisito.  Tengo dos hijas y la menor está en su último año de escuela superior, a punto de entrar a la universidad.   Los retos son contínuos, vivo muy orgullosa de los logros y de la buena autoestima de mis hijas.  A veces el intercambio con la menor no es fácil porque ella TODO lo sabe.  De repente ella:

Sabe manejar un carro,... y yo no

Sabe recalentar comida en el microhondas,... y yo  no

Sabe separar la ropa antes de echarla a lavar, ...y yo no

Sabe TODO de todo, ... y yo no.

Los adolescentes son muy emocionales y eso se debe a que el área prefrontal del cerebro está en desarrollo hasta que cumplen 25 años.  Aunque con la capacidad que tiene el cerebro de autogenerar nuevas conecciones debido a la neuroplasticidad, yo diría que el cerebro siempre está cambiando su estructura.

Y lo anterior explica el porqué dicen y hacen cosas de las que después se lamentan, o  a las cuales no le pueden encontrar explicación. 

Pues en los momentos que su actitud de genio maravilla me impacienta, aplico la atención consciente (Mindfulness)  antes de reventar como olla de presión.

Si lo anterior no me funciona, cuento 10 segundos y lo aplico otra vez. En ocasiones tengo que esperar a que esté menos emocional y le pido que me explique de nuevo el asunto que la hace enojar, o soy yo la que le explico la situación que me hace o hizo enojar.

Suena bien trillado, pero hay que escucharlos. Es importante que nosotros mantegamos el equilibrio emocional en todo momento porque ellos seguirán nuestro ejemplo.  Ellos se irritan y se rebelan fácilmente.  Nosotros mantenemos la calma sin dejarnos manipular.

Debemos continuar estimulándolos a que den lo mejor de sí mismos. Es crítico recalcarle sus atributos, talentos y puntos positivos, y darles más autonomía. [Si claro... no me lo creo ni yo misma].  Apoyé a mi hija menor, consiguió su licencia de conducir y estamos en proceso de adquirir un vehículo y no se crean, me alegra, me preocupa, tengo sentimientos encontrados, porque no estoy lista todavía para verla salir a sus 17 años por la puerta en su carro. 

Otro consejito, debemos saber escoger nuestras batallas, las reglas se pueden negociar con el diálogo, lo que no se puede negociar es el límite ya establecido.

Y por último, darnos un baño diario de paciencia, porque esta etapa va a pasar.  Sigamos disfrutando nuestros hijos, nuestra familia. Chaíto.  MSV

 

 

 

Published by Maria Santiago- Valentín