Cuando empecé a escribir Magenta, no sabía que estaba escribiendo un libro.

Todo lo contrario, me inicio en la escritura como escape a todo lo que estaba viviendo en ese momento. Fue la manera de colocar esos sentimientos e ideas que pasaban por mi cabeza  a una velocidad extraordinaria, sobre el papel.

Fue mi manera de llorar sin lágrimas.

Descubrir esto, fue lo que me llevó a ver que esta forma de desahogo, se podía convertir en algo tangible y podía ayudar a otras personas a hacerlo, mediante la publicación de esta idea.

Es así, como Magenta deja de ser algo abstracto y se convierte en libro.

Un libro, que presenta una propuesta,  una metodología.

Más allá de mi Historia, Magenta se vuelve una herramienta, para decir adiós.

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